Los ácidos grasos omega-3 (EPA y DHA), presentes en pescados grasos de agua fría, cuentan con uno de los cuerpos de evidencia clínica más robustos de toda la nutrición, incluyendo grandes ensayos aleatorizados en miles de pacientes.
Lo que muestra la evidencia. El ensayo REDUCE-IT, publicado en el New England Journal of Medicine (2019) y realizado en 8,179 pacientes con triglicéridos elevados, mostró una reducción del 25% en eventos cardiovasculares mayores con 4 gramos diarios de EPA purificado, añadido a tratamiento con estatinas. Otros ensayos a gran escala (VITAL, ASCEND) también documentaron beneficios cardiovasculares con dosis más bajas, aunque de menor magnitud. No todos los estudios coinciden: el ensayo STRENGTH, con una formulación distinta de omega-3, no mostró el mismo beneficio — una discrepancia que sigue siendo objeto de análisis científico activo.
Contexto de desarrollo. El omega-3 sirve como buen punto de referencia dentro de esta serie: mientras muchos compuestos naturales cuentan hoy solo con evidencia preclínica, este es un caso donde la investigación ya recorrió el camino completo hasta ensayos clínicos grandes y resultados de eventos cardiovasculares duros.
Fuentes:
Bhatt DL, et al. “Cardiovascular Risk Reduction with Icosapent Ethyl for Hypertriglyceridemia” (REDUCE-IT). New England Journal of Medicine, 2019.
Skulas-Ray AC, et al. “Recent Clinical Trials Shed New Light on the Cardiovascular Benefits of Omega-3 Fatty Acids.” Methodist DeBakey Cardiovascular Journal, 2019.
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